El Confesionario LVI
1 Quiero contaros una historia que viví hace muchos años. Yo tendría menos de ocho. Tenía unos familiares que vivían en una hermosa casa en el campo y cuando los visitaba, como no había una cama libre, compartía la de una prima adolescente.
2. Cuando todos se dormían, ella se desnudaba sacándose el camisón dentro de la cama. Me besaba y tocaba por todas partes y sus caricias iban más allá de lo que nunca había conocido, por lo que no tardaba mucho en empalmarme.
3. Eso no era todo: no recuerdo bien si era por la mañana o por la noche, pero me pedía que pusiera mi cara entre sus piernas. Sentía en mi rostro algo muy rojo y lleno de vellos. Sentía repulsión, pero a la vez un sentimiento de que estaba haciendo algo prohibido y placentero. Alguna vez me tuve que levantar a vomitar por la mezcla desagradable que percibía. Ella me calmaba y reanudaba los tocamientos, guiando mi mano por sus pechos, por todo su cuerpo, por los alrededores y por el interior de su vulva. Con mucho temor por mi parte.
4. Siempre que iba de visita sucedía lo mismo. Existía entre nosotros una íntima complicidad, aunque nunca hablamos de ello. Lo vivíamos como nuestro secreto natural. Aunque para mi era algo que me superaba y hacía que perdiera la tranquilidad y el equilibrio físico. De alguna forma me sentía enfermo. Y no me faltaban síntomas físicos.
5. Unos años después estuve enfermo de verdad. Ella se prestaba solicita a acompañarme, esta vez en mi casa, ya que tenía que quedarme solo. Era por las tardes, ella volvía del colegio y leíamos juntos. Calculo que por esas fechas ella tendría unos 17 o 18 años. Cuando leíamos, ella metía las manos entre las sábanas y me acariciaba sintiendo ambos un gran placer. Teníamos una gran cantidad de revistas y libros que mirar y leer. Algunos “sin la mano” (cuando había alguien delante) y otros descaradamente masturbatorios, cuando permanecíamos solos.
6. En esos momentos de soledad, ella dando rienda a todo su deseo, se arremangaba las faldas y se subía encima mío. Se sacaba las bragas y me montaba. Cabalgándome e intentando que yo introdujera mi aparato dentro de ella. Casi nunca lo lograba. Posiblemente por mi inexperiencia o por la suya. Aunque evidentemente sabía de esas cosas más que yo. En mi cama cuando me masturbaba, ya todo era mas controlable, era puro placer desatado. Aunque sin eyaculación, porque no sabía lo que era eso. Lo mismo que me impedía penetrarla. No sabía que había que meterla. Ni por donde. O era muy pequeño o era muy ignorante.
7. Vivía aquello con gran curiosidad. Sentía un mezcla de placer y miedo. De agrado y desagrado. Es la combinación de lo prohibido y lo permitido. Los olores y los gustos que desconoces y que aparecen con fuerza. Los fluidos. Me cuesta mucho explicarlo con palabras. El comer hasta hartarte y ya no poder más con la gula. De a poco vas conociendo y sintiendo.
8. Con el paso del tiempo, me atreví a recordárselo. Habían pasado 30 años o más. Mantenía con ella contacto por Internet. Vivíamos en distintos países. Un día se lo dije. Su respuesta fue de asombro porque yo lo recordara.
9. Soy consciente de que la historia que os cuento podría tener otra lectura… La mezcla de placer por parte de ambos se oscurece por el trauma que muchas personas que han sufrido abusos arrastran. Cuando la mujer es la que induce, las formas violentas están casi del todo atenuadas. Falta un pene agresivo. Solo existe una vulva llameante y deseosa.
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Nota. Algunas personas me han preguntado mi opinión acerca de este relato que ha sorprendido negativamente a más de un seguidor de esta web e incluso ha generado rechazo, lo que, vaya por delante, no comparto. El confesionario se hace eco de historias reales, porque lo que pretende es ser un archivo de vivencias sexuales de todo tipo, un reflejo donde todos podamos buscarnos, descubrirnos, cuestionarnos, entendernos… y, sobre todo, crecer sexualmente. Algunos (y ya llevamos más de cincuenta) pueden divertirnos e incluso inspirarnos, y otros, como ha sucedido entre algunos de los lectores de este confe, removernos, incluso repugnarnos, en lo más profundo. Pero se trata de un relato real, un relato real donde un adulto explica su historia de abuso infantil, y por ello tiene cabida, no albergo duda alguna, en este espacio. Se calcula que en España, el 23% de las mujeres y el 15% de los hombres han sido víctimas de abusos sexuales durante la niñez (fuente: “Efectos de los abusos sexuales a menores”, Felix López); es más, el 90 por ciento de esos casos se producen en el ámbito familiar. No creo que porque nos disguste, nos cueste, nos duela, haya que acallar la realidad. Al contrario, hay que darle visibilidad a los abusos sexuales. Hay que hablar de ello, porque no hacerlo posibilita que se repitan las historias y sus víctimas callen creyéndose culpables de lo sucedido. Si leer esta historia ayuda a alguien a hablar de su problema, bienvenida sea. Si nos hace reflexionar o hacer algo al respecto, y me incluyo, también.
Una reflexión final. Que el autor del relato pueda explicar, hoy, tranquilamente lo que vivió e incluso haya logrado darle un lugar en sus fantasías eróticas, quizás haya hecho creer a algunos lectores que no hay nada que objetar respecto a lo sucedido, más concretamente, respecto al comportamiento de la joven. Si así lo ha entendido alguien, el error ha sido mío, no de quien amablemente ha compartido su pasado con nosotros y se merece nuestro respeto.
Sólo puedo decir sobre el relato de el chico que una vez ya ocurrido el asunto, pues suerte para él que lo pueda recordar en un tono positivo.
Éso no quita que creo que está bastante claro que la chica abusó de él sin duda alguna. Si ella tenía unos 17 y él 8 ó 9… Ella obviamente estaba en edad sexual, aparte de que con 17 años sabía lo que estaba haciendo. Y él no sabía ni lo que hacía y si no llega a ser por su prima está claro que no estaría haciendo ésas cosas en ése momento.
Lo que quiero decir es que si el chico hubiese tenido unos pocos años más todavía podría decirse que el chico era consciente de la situación. Si él llega a tener 12 años, por ejemplo -aunque puede que varía según la persona- podría pensar que el chico acaba de entrar en la pubertad y descubriendo cosas sobre el sexo… Y si su prima le induce puedo creerme que realmente se trate de dos menores descubriendo el sexo de forma inocente.
Me parece interesante el asunto de cómo se ve ésta situación según el menor sea niño o niña. Y marcaría varios factores determinantes a mi parecer, que serían la anatomía, la edad, y la posible atracción del menor hacia el mayor.
Para empezar no sé si un pene, ya por el simple hecho de serlo, tal vez pueda resultar más agresivo que una vagina. Incluso a una edad temprana me atrevería a decir que aunque sólo sea por instinto uno puede ver que un pene es algo digamos ‘activo e invasivo’ y una vagina ‘pasiva y no impositiva’? Y que no es lo mismo ni para un niño ni para una niña que el abuso se produzca de forma externa que con penetración, que adivino que por sí sólo éste hecho probablemente no admita ninguna posibilidad de placer por parte del menor.
En el primer comentario un hombre comenta que fue inducido por su tía a tener sexo a los 14 años. Por muy alucinante que me parezca -por decirlo de alguna manera- que alguien pueda hacer éso con su propio sobrino, todavía me puedo creer que con 14 años un chico pueda decidir conscientemente tener sexo con una persona -sin entrar en el tema del incesto y de la visión del mundo que pueda haber desarrollado un chaval en cuya vida es normal que tu propia tía pretenda tener sexo con él…-.
La última cuestión es… Para mí no hay duda de que un niño de 8 años no puede ‘querer conscientemente’ tener sexo ni con su prima de 17 ni con nadie, pero sí puede ser que se sienta atraído por ella o al menos que la tenga en estima y que lo le repugne. Me imagino a mí misma con 8 años y podría llegar a entender que me ‘gustase’ el hermano de 17 de una amiga o incluso un primo y que me indujesen a ‘tocamientos’ y pudiese sentir algún tipo de placer aun sin saber muy bien lo que está pasando. -Creo que lo más probable es que me sintiese aterrada pero digo que podría llegar a entenderlo en un intento de comprender la experiencia concreta de éste chico. Ahora, si se diese penetración, adiós a ésa posibilidad totalmente-.
En cualquier caso, me parece interesante el post para conocer diferentes realidades y experiencias…
Recuerdo que a los 14 años, por razones circunstanciales me acosté en la misma cama con una tia. Me desperté cuando sentí su mano tocando mi pene. Instintivamente respondí de la misma manera y le toque su chocho. Luego me monte sobre ella y estuvimos teniendo sexo toda la noche y por mucho tiempo más. Creo que fue mi pareja sexual por mas de 15 años. Cada vez que se me paraba el pene, iba donde mi tía y nos acostábamos. Nunca me lo chupó ni lo se lo hice por el culo. Ella era como 15 años mayor. No la recuerdo como una abusadora, sino como una mujer que me consintió, me disfrutó y la disfruté.
no soy de Espana si no de un país en sudamerica, he leído este relato, y les voy a decir que me identifico con el escritor. A los 5 anos mi prima de 18 me invito a tener sexo, lo haciamos cada vez que nos dejaban solos (casi todos los días), me asqueaba lo mojada que se ponía. Gracias a Dios no quede con un trauma, pero creo que mi mente bloqueo esa esperiencia. Confieso que no es como para ufanarse, pero realmente me usaba sin yo saber, y como han dicho otros que si fuera una niña??.
La precocidad sexual nada tiene que ver con el abuso. Ya lo creo que los niños tienen sexualiadad.. Pero yo hablo de otra cosa del ABUSO. Y ÉSTE SE DA , NO PORQUE HAY SEXO, sino porque la interacción entre mayor y menor, siempre lleva implicita la cohibición del menor, el poder para aquél por su condición de más edad, de esta manera se anula la igualdad y la libertad necesarias para la sexualidad sana.Repito no es cuestion de sexo, sino de IMPOSICIÓN, el poder de uno sobre otro.
No digo que no haya que hablar de ello. Pero sí dejar claro, lo que es abuso de lo que no lo es, para que no haya la mínima posibilidad de confusión, que facilite la permisividad del poder, frente a la exigencia de igualdad
Seguir leyendo me invita a seguir reflexionando.
Gracias Sylvia por publicarlo porque soy una de las que las noticias de abusos me repulsan especialmente q menores
He hecho constelaciones familiares como parte de terapias para “reconocer”como me influía el pasado y solo una murada indiscreta del padre aunque el niñi-a ni la detecte puede marcarle.
Creo que el autor puede estar redescubriendo y una forma de hacerlo es haciendo publico su relato y expresándole a la prima como lo vivió.
Ni querer leer sobre estas cosas que si pasa n, efectivamente puede ser querer negar la realidad.
Pero me pregunto que haría yo, hoy madre, si mi hijo me relata algo similar
Alguien ha pensado si el caso fuera al revés? se vería igual?
Sí el adolescente fuera el niño y el pequeño la niña, creo que se miraria de otra manera.
Pues yo pienso igual mientras se trate menores.
No me gustaria que uno de mis hijos sea niño-a pasara por una situacion asi.
Tal vez al ser un hombre lo recuerde como excitante, pero yo que viví algo parecido lo recuerdo repugnante…para mi no es mas que un abuso a un menor, donde uno de ellos disfruta de lo que hace y el otro no entiende que pasa……
Buenas, no sé cómo escribir sin que se me tiren al cuello…
Personalmente, no me agradó mucho esta historia, sobre todo porque puede ser real, y hasta común, por lo que leo en los comentarios.
Tengo un sobrino pequeño de 10 años, y una sobrina de 7.
En mi opinión, me parece un poco fuera de lugar esos encuentros sexuales. Sobre todo, porque la que incita en este caso es una adolescente que sabía lo que hacía en todo momento.
Aunque actualmente, de adulto, el protagonista de la historia lo recuerde de manera erótica y sensual…Realmente eso que le ocurrió tiene nombre y es: abuso sexual.
El niño no tenía idea ni siquiera de qué le diferencia de las niñas, y ya lo condicionaban a poner la cara entre las piernas de una familiar irrespetuosa (si me permiten el adjetivo).
Yo fui adolescente y jamás se me ocurrió aprovecharme de mi poder y edad para someter a ningún niño inocente a satisfacer mis apetitos.
Discúlpenme, me considero una persona tolerante con el sexo, siempre y cuando sea consentido por todas las partes. Y en este caso en particular, se abusaba de la ignorancia e inocencia de un niño para satisfacer sus propios deseos ocultos.
Para que me entiendan mejor…Imagínense a una niña (en mi caso a mi sobrina) que tiene 7 años y no entiende la utilidad del pene de su primo (lejano, o no) de 13 años de edad.
Ella se queda en su casa, y cuando duermen en la misma cama, la obliga o insta a que ponga la cara en la entrepierna de él… No se ve igual ¿no?
Lo siento, pero el sexo lo permito en menores, siempre y cuando éstos tengan la madurez mínima para saber lo que hacen y sea así, sano y consentido.
Saludos.
Exactamente, joer, es que … ¿si es una niña? ¿qué? (tampoco es más grabe que esto, que conste) Es que todo tiene un límite, y él mismo admite que quizás “no este suficientemente destacado, la sensación de repulsión, de miedo, de temor y de placer (a posteriori) que sentí en esos momentos”…esto tiene un nombre, y yo también soy abierta para muchas, muuuuuchas cosas, pero aquí se pasaron.
A mi me ha parecido un testimonio muy excitante, muchas gracias por compartirlo. No es más que un juego placentero entre dos niños, incitado por la mayor en este caso. Una forma sana de descubrir la sexualidad: sin prejuicios ni malas influencias por parte de la sociedad. Sociedad que actualmente sigue bastante carente de una buena educación sexual y aún tiende a reprimir ideas como que los niños tienen sexualidad. Creo por lo que se dice en el relato que todo fue consentido (si no ya estaríamos entrando en otro campo), y que había placer por parte de ambos (además de la repulsión inicial ante algo totalmente desconocido y desprovisto de significado, normal en un niño-no contaminado por otros medios). Por tanto, si partimos del consentimiento y el placer, ¿Qué hay de malo? La mayoría de las personas tenemos algún acercamiento erótico en la infancia que no recordamos con desagrado (ni trauma por supuesto). Y estos juegos sanos empiezan a formar parte de la biografía de cada individuo. Intentemos mirar estos casos a través de las gafas de los niños y no de los adultos. Si ellos lo describen como algo bueno, aunque extraño, algo que disfrutaron… ¿para qué introducir nuestro miedo, rechazo y represión en su recuerdo?
¿Jueguecito entre dos niños? él era el niño de menos de 7 años y ella una mujercita de casi 18!!! ¿Una “forma sana de iniciarse” cuando cláramente le ponían enfermo esas situaciones? No nos equivoquemos: esta historia tiene más de traumática que de excitante. Yo la encuentro repugnante, allá por donde la mire.
¡¡¡Muy de acuerdo!!!
Pues sí que impacta sí, para mi desde luego se han rebasado los límites, tengo un niño de 9 años y sinceramente no me gustaría que tuviera ese tipo de experiencias; ni nuestro cuerpo ni nuestra mente está madura a esos años para una experiencia sexual sea como sea. No creo que sea cuestión de barreras mentales por la sociedad, es sentido común, los niños son niños y lo mismo que no deben trabajar a esa edad tampoco vivencias sexuales.
Quizás no este suficientemente destacado, la sensación de repulsión, de miedo, de temor y de placer (a posteriori) que sentí en esos momentos. Es muy dificil de explicar. Se mezclan los olores, las sensaciones, el deseo, la educación represora, todo en un ambiente de novedad y placer.
Creo que con el tiempo y la distancia he logrado digerirlo y elaborarlo algo más. Todos conocemos niños pequeños y de la fragilidad que llevan aparejada. Creo que todos, hombres y mujeres, en una reflexión seria tenemos algo que decir.
Ufff pues me deja impresionada.
De pronto pienso en mi hijo y en su edad…
De pronto dudo de la versión o de como se dice que se recuerda el momento
De pronto dudo de mi misma…y de la sociedad en la que vivo…
Y si Sylvia publica esto también me gustaría su opinión pque pensará que algo puede aportar.
Hola. En verdad no me ha marcado, de forma negativa. Muy por el contrario es un elemento más de disfrute al recordarlo. Claramente tengo que distinguir esa situación placentera por mi condición de hombre. Al contrario sería distinto.
Me recreo en los recuerdos y de lo placentero que los encuentro. Aunque en el mismo momento lo viví con gran “descalabro”. En sentido físico.
A mí me encantaría comprobar que esta confesión no levantase alegatos condenatorios apasionados e inquisitorios. Si no que sirviera para abrir la cuestión al debate y a interrogarnos cuáles son los límites, nuestras sensibilidades y nuestro aprendizaje sexual. Cuáles son las barreras naturales y cuáles la auto impuestas por nuestra sociedad. Y ya para rematarlo me encantaría leer a Sylvia en este debate y conocer sus impresiones.
A mí , así de entrada y a bote pronto, me ha dado mucha envidia el prota de esta historia. Creo conocerme lo suficiente (que aún así es muy poquito) para opinar que me hubiese resultado un aporte muy positivo a mi sexualidad. Esta claro que cada persona es un mundo, y habrá de todos los colores.
Guao, este confe es de los que desconciertan porque nos hacen descubrir cuan poco sabemos de la sexualidad y las experiencias de los otros. A mí me gustaría saber si esa experiencia que nos relata ha marcado a su autor para bien o para mal en su sexualidad posterior.
Yo viví una historia muy parecida.