El Confesionario (XLIX)
1. Mujer, 26 años, heterosexual. Hasta hace algo más de medio año yo nunca había estado muy interesada en el sexo. Tuve mi primera relación sexual con un hombre a los 18. Aquello no estuvo mal y siguieron otras relaciones más o menos duraderas durante los años siguientes que tampoco estuvieron mal, pero el sexo quedaba muy lejos de ser lo que yo había esperado. La diversión, el placer y la libertad que esperaba sentir no aparecían por ningún lado y en lugar de ello me sentía incómoda, como si mi intimidad estuviera siendo invadida sin mi permiso (aunque consentía a tener sexo con ellos).
2. Con el tiempo perdí interés y me abstuve de tener más relaciones para no aumentar mi frustración. Mi vida siguió, centrada en mis amigos, mis estudios y mi familia, pero nada de sexo en compañía.
3. Cuando por primera vez fui a hacerme una revisión ginecológica rutinaria (chicas, ¡por favor!, a partir de los veinte no las paséis por alto: son 5 minutos que lo pueden cambiar todo) la comadrona empezó a hacer las preguntas habituales. En este mundo hay personas que van más allá y usan su intuición por encima de los protocolos y supo ver que algo no iba bien, que no sabía disfrutar del sexo y me recomendó un libro de Sylvia: “Tu sexo es tuyo”. A mí nunca se me ocurrió pedir ayuda, pensaba que podía prescindir de ello, al menos de lo que yo pensaba que era el sexo.
4. Algo cambió a partir de entonces. Creó que lo más importante fue que empecé a hablar de ello con mis amig@s (e incluso no tan amigos; resulta interesante cualquier nueva perspectiva), de por qué no me gustaba y prefería prescindir de ello. La comunicación: creo que esa fue la llave de mi puerta. Empecé a notar una liberación interna tan intensa que incluso me cambió el carácter. Seguía sin querer tener sexo, pero me di cuenta que lo que sí quería era compartir mi intimidad, y mi naciente capacidad comunicativa me lo estaba permitiendo cada día un poco más.
5. Hasta entonces, encerrada en una especie de caparazón, nunca me había permitido sentir un interés por las mujeres más allá del intelecto y la amistad. Había fantaseado alguna vez con alguna mujer, aunque siempre lo achacaba al deseo de ser como ellas y no por ellas, y tampoco tuve ocasión de experimentarlo. Me doy cuenta que me daba auténtico pavor pensar que podría ser lesbiana y por ello apartaba mis pensamientos enérgicamente (¡incluso en voz alta!) cuando irrumpían en mi cabeza. Pero, paso a paso, todo aquél miedo estaba desapareciendo, hasta que quedó en el olvido, dejé de juzgarme y simplemente intenté conocerme mejor.
6. Mientras me liberaba y me conocía hice una nueva amistad con una chica. Poco a poco íbamos compartiendo más y más nuestros mundos. Empecé a sentir esa intimidad compartida que tanto andaba buscando, me sentía acompañada de un modo que no había sentido antes. Supe que se trataba de una de aquellas personas con las que conectas intensamente, sin explicación racional alguna, pero no pensé que fuera a ir más allá de la amistad. Y seguí sin pensarlo algún tiempo más.
7. Hasta que una noche, con un sueño como pretexto, soltó que le gustaban las chicas. De ahí empezó a nacer un interés (todavía inconsciente) en explorar esas fantasías, en llevar nuestra complicidad algo más allá. Pero mi consciente se resistió en dejarlo salir hasta que un día me desperté de madrugada, muy excitada. Había soñado con ella, y ahora, despierta, la deseaba con todas mis fuerzas. Tanteé el terreno algunos días, para ver si ella podría sentir lo mismo, y cuando me pareció que así era hice acopio de valor y se lo conté.
8. De aquella conversación lo más conclusivo y divertido fue cuando le dije: “¡Joder, si es que eres una tía!”. Yo estaba más sorprendida que ella (esto en realidad no lo sé, creo que ella ni se había dado cuenta de que me gustaba), me había olvidado tanto de mis miedos que por fin se abría la posibilidad de sentir algo, y si este algo era por una chica, ¡así sería!
9. A partir de entonces empezamos lo que para mí está siendo la primera relación con sentido. Pero no estaba todo hecho. ¿Qué pasaría con el sexo? Antes ni siquiera pensaba en ello, ahora afloraba de nuevo mi interés, aunque me daba un miedo terrible que no saliera bien. Al fin y al cabo, nunca me había gustado mucho, y ahora no sabía ni por dónde empezar. Había superado mis barreras emocionales, pero ¿qué pasaría con las físicas?
10. Reitero: la comunicación abrió mi puerta. La intimidad que compartíamos me dio valor para hablar de mis complejos, para no dejar que se interpusieran entre nosotras. Había empezado a dar mis primeros pasos en la aceptación de mi cuerpo gracias a los consejos de Sylvia, pero mostrarlo a otra persona era otro mundo. Su paciencia, su manera de hablarme (y pedirme que hablara), mirarme, tocarme, de quererme, hacían y siguen haciendo darme cuenta de la belleza de mi cuerpo, con todas sus formas, y de lo ridículo que es taparse cuando estas delante de alguien que te quiere ver, que te desea como eres.
11. Conseguimos alejar ese sentimiento de incomodidad (que las dos nos había sentido en anteriores relaciones) y empezó la diversión. La curiosidad (sobre todo la suya, yo seguía muerta de miedo) por descubrir lo que el sexo nos podía ofrecer hizo que nuestros cuerpos se conocieran, que encontraran un placer que hasta entonces no habían descubierto. Cuando quieres a alguien, y quieres que todo vaya bien con esa persona, puede dar miedo la idea de probar cosas nuevas, nuevos placeres, por la incomodidad que podría suponer si a uno de los dos no le gusta, o incluso le disgusta. ¡Pero para nosotras todo era nuevo! No podía dejar que mis miedos lo estropearan.
12. El juego fue otra clave para ello. Ideamos nuestros “experimentos”, pequeños juegos en los que es explícito que se está entrando en terreno desconocido, para las dos, así que el miedo se esfuma y empiezas a dejarte sentir, a explorar la sensibilidad de todas las partes de tu cuerpo, y a compartirlo con tu pareja.
13. ¡Hablamos durante el sexo! ¡Sobre el sexo! ¡Nunca se me hubiera ocurrido algo semejante! ¡Así que la intimidad era eso! Poder decirle lo que te gusta, y si no lo sabes, dejar que lo pruebe, sin miedo a decir lo que quieres o no quieres, sino todo lo contrario, sabiendo que cualquier indicación es buena para ayudar a tu pareja a ir por buen camino. Y seguimos jugando, hablando, disfrutando, divirtiéndonos y conociéndonos.
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Las ilustraciones de El Confesionario son de Natalia Hernández.
Me identifico mucho con la historia, en lo referente a la comunicacion. Soy una chica lesbi, con 36 años. Tuve mi primera relacion plena con otra mujer a los 17 años y desde entonces sali del armario.
Hasta ese momento, era muy insegura, timida y muy poco comunicativa. Pero desde ese dia, mi vida dio un giro de 180 grados. Hoy soy feliz, con un buen trabajo, sintiendome muy valorada. Aquel dia, como por arte de magia, hice acopio de valor y decidi no ocultar mi condicion sexual, relacionarme con todo el mundo y, cuando me apetecia, comunicar con otras personas cosas que antes consideraba ” solamente mias”.
Tambien me he vuelto muy activa sexualmente, despues de dos fracasos de pareja en los que aparecieron los celos ( no mios), el sentido de posesion de la otra y la atmosfera respirable. Ello me llevo a ser libre como un pajaro, teniendo sexo casual sin ninguna implicacion sentimental, a lo largo y ancho de el mundo, por el que viajo debido a mi trabajo.
Todo ese conjunto de vivencias hizo que me convirtiera en una persona muy segura, lo contrario de lo que fui de adolescente.
Me siento identificada con tu historia. También pensaba que no me interesaban el amor ni el sexo, pero lo que no me interesaban eran los hombres. Gracias por compartir tu historia.
Me encanto tu confesionario, me hizo ver cosas que ni me planteaba y por ello lo comparti en el blog parcialmente, asi vendran aqui a comentarte.
http://goo.gl/5e3m60 esta es la url de la entrada.
Eres un ejemplo para todas esas parejas que disfrutan más quitándose la razón que la ropa. Expresas muy bien la importancia de la comunicación y de librarse de ideas preconcebidas para disfrutar ya no sólo del sexo, sino de la vida. Y además, me has hecho reflexionar sobre todas esas veces en que mis decisiones se han visto condicionadas directa o indirectamente por el miedo a alguna cosa. Me ha gustado mucho y me alegro un montón por las dos.
Hola cuando uno es capaz de dejar sus miedos y inseguridades de lado es capaz de abrirse a un mundo nuevo de aventuras y dejarse llevar por un mar de experiencias desconocidas hasta el momento, es genial que encontrases a la chica que te permitiera encontrar las herramientas necesarias para descubrirte a ti misma y poder disfrutar de tu sexualidad plenamente. Me identifico contigo en la parte de los miedos que te impiden ser quien realmente eres, sin embargo desde los 12 años tengo mi orientación sexual bastante definida y nunca a sido un impedimento mi condición de lesbiana. Son mis dificultades para relacionarme con la gente las que no me han me han facilitado una vida sexual plena. “Pero no hay mal que por bien no venga como suelen decir.” Ese hecho me ha permitido llegar a conocerme bastante a fondo y saber que me gusta y que no. Así que sigue confiando en tu pareja y dejándote llevar en un océano de placeres insospechados hasta el momento. Y como bien dices la comunicación es fundamental en todos los ámbitos de nuestra vida, pero en la cama esa gran olvidada es primordial para que todo fluya.