El Confesionario (L)
1. Soy una mujer heterosexual hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, aunque no he tenido ninguna experiencia lésbica, me excita la pornografía femenina.
2. Mi primera experiencia sexual la tuve a los 21 años. ¡Qué aburrida, dolorosa e insípida, pues no sabía nada de sexo! Fue con mi primer y único novio, a quien hasta ahora he considerado “el amor de mi vida”. Con él tuve sexo esporádicamente durante unos 2 años, siempre insípido, hasta que se casó con otra, después de 7 años de noviazgo conmigo.
3. A los 26 conocí a un portugués, de 31 años. Me decía que los mexicanos eran unos tontos que no sabían tratar a las mujeres. Fue una atracción sexual inmediata. Besaba riquísimo y me dejé llevar. El portugués estaba de paso y se fue.
4. Desde que se casó “el amor de mi vida”, yo no quité el dedo del renglón, sufría y lloraba por los rincones, y un día incluso, salí con dos zapatos diferentes obsesionada con ese amor. Lo llamaba con el pensamiento y lo hacía aparecer en mi vida de alguna forma, hasta que me convertí en su amante, durante un año, mientras el se divorciaba… Pero se dio una oportunidad más con la esposa, y me dejó.
5. Entonces conocí a un gringo economista, muy bien dotado, estudiante de maestría, de 29 años igual que yo, muy dulce y tierno, con el que la pasé muy bien. Pero también estaba de paso y se fue a Alemania. Me trató como a una reina y, si se hubiera quedado, estoy segura de que con el me hubiera entendido en todos los sentidos.
6. “El amor de mi vida” siempre me buscó y yo provoqué de todo para que regresara conmigo. Incluso nos casamos. Duramos cuatro años juntos, me embaracé y me dejó por una mujer mayor que yo, con la que tuvo el mejor sexo que jamás haya conocido, según me platicó una vez. Pero supongo que ella no, porque lo dejó y él volvió a mis brazos.
7. Argumentó que no se atrevía a pedirme que fuera una puta en la cama, pues creía que no me gustaba el sexo. Pensaba que no querría yo hacerle sexo oral, que no me gustaba, y, en pocas palabras, que no sentía yo placer como “una puta”. Me volqué en querer ser mejor que Lady Chatterley y lo intenté casi todo. Me desinhibí, buscaba novedades, posiciones, lugares distintos… y nos iba muy bien sexualmente hablando. Compraba libros con mil posiciones, veía películas porno, leía de todo desde la Cosmo hasta páginas de internet con mil consejos. Y de hecho sí me excitaba, y mucho, y siempre sentí gran placer.
8. Pero los años pasaron, vino la rutina, y él hacía el camino corto: tocar los mismos botones, entrar, descargar y salir. ¿Y yo? Bien gracias, por supuesto que en 15 minutos no había acabado.
9. Entonces llegué a pensar que ni siquiera sabía lo que era un orgasmo, leí Tu sexo es tuyo, y me dí cuenta de que había más, pues placer siempre he sentido, y mucho, pero nunca me había venido. Pensaba que eso era todo. Por supuesto que me sentía unida a mi esposo emocional y espiritualmente. La mente me hacía sentirme en la gloria y hasta ver fuegos artificiales. Y entonces empecé a tocarme, me empece a conocer… Me vine una vez, pero sola: después de que él acabó, yo me corrí sola. Y descubrí la magía de la regadera de teléfono y se volvió mi mejor amiga.
10. Me empezó a dar flojera el sexo con mi pareja, pero seguíamos intentando de todo, incluida ropa sexy y hasta la pastillita azul, para durar más… Vinieron las crisis, económica y de la edad, para él. Ahora tenemos 48 años.
11. Y apareció otra novedad más para “el amor de mi vida” y nuevamente me empezó a poner el cuerno. No lo he encarado aún, el finge y yo finjo más. Los hombres no saben fingir, son muy obvios, y después de no importarle su aspecto y su forma de vestir, empezó a comprar ropa nueva en plena crisis económica, llegar tarde, estar de malas, desconectar el celular… Así o más obvio. Por supuesto que una lo intuye. Llegué a preguntarle si había alguien más y lo negó. Entonces, un buen día, llegó mi hermana y me contó que lo habían visto, no una sino varias veces, entrar a unos departamentos, y ella fue a preguntar y le dijeron que vivía ahí con su esposa. No sabes lo que sentí, una corriente caliente en la vagina. Porque además nunca ha faltado a dormir a casa. Pero no hice nada, no le reclamé y me quedé callada, porque no sabía qué hacer, por dependencia económica, pero creo que principalmente porque sigo aferrada a él, porque siempre lo he amado, a pesar de todos los pesares.
12. Me obsesioné una vez más con el sexo, quería a toda costa que él viera que yo lo amaba y disfrutaba del sexo con él, que aún hablábamos el mismo idioma. Pero las cosas no cambiaban, yo estaba muy mal y entonces empecé a ir a terapia con un antiguo amigo de la Universidad (que aquí, entre nos, siempre me gustó) con el que mantenía contacto por Facebook y había visto de vez en vez durante el último año. Me había propuesto la técnica del rebirthing (respiración y regresión) pues estaba buscando superar la infidelidad recurrente de mi pareja y dar fin a ese cuento de hadas que me inventé y que no he superado.
13. Me escuchó y me aconsejó no hacer caso de las habladurías hasta no verlo con mis propios ojos, y me hizo ocuparme de mis propios intereses, mi amor propio, porque yo estaba devastada. El no es psicólogo, nosotros somos turistólogos, pero ha tomado cursos de psicoterapia, cábala, y disciplinas varias… Y por fin, después de varias sesiones en las que yo me sentía muy bien, me besó. No sabes para entonces como lo deseaba. Principalmente eso extrañaba de “el amor de mi vida”: los besos. El terapeuta no tiene pareja, está en proceso de divorcio. Vive solo. Y después de los besos, y tal vez valiéndose de lo vulnerable de mi estado y de la información que ya tenía de mi vida, hasta la sexual, me empezó a decir que me deseaba, me enviaba mensajes, que empezaron a subir mi autoestima dañada y a ponerme en tentación, porque si bien es cierto que “el amor de mi vida” y yo nunca dejamos de tener sexo, también lo es que el otro siempre me atrajo y, por supuesto, que yo quería la revancha. Y acepté, temerosa, pero, raramente, muy confiada, muy a gusto con mi cuerpo y sin pudor.
14. Lo uno llevó a lo otro y terminé teniendo el mejor sexo de mi vida. He aprendido tanto. No sabía ni de qué se trataba, jajajaja, a mis cuarenta y diez, como dice Sabina. Es increíble que ni moverme bien sabía y el terapeuta me enseñó. Me da mi tiempo, dura mucho adentro de mí sin venirse, tanto que me canso y disperso un poco. Casi una hora. Como nunca con “el amor de mi vida”, que entra y en los primeros siete minutos ya se vino y me quedo sin terminar. Sé qué quise tomar la revancha, pero aunque no me arrepiento, al final siento que me falta corazón.
15. He tenido ya seis encuentros sexuales clandestinos con mi terapeuta de cabecera y han ido in crescendo, es decir, cada vez son mejores. Nos vamos entendiendo y acoplando muy bien. La pregunta es: ¿Estoy loca? ¿Qué me pasa? ¿Es que acaso soy bien puta? ¿Qué debo hacer? Estoy tan sorprendida de mi misma: he llegado a tener sexo con mi esposo el mismo día que con mi amante. Tengo claro que con uno sólo es sexo… y con mi aún esposo es rutinario y de mantenimiento, aunque con cariño, costumbre y, claro, también con amor.
16. La situación con mi esposo ha cambiado un poco, pues una noche después de hacer el amor, no pude más y lo encaré. Lo negó todo absolutamente. Dijo que nada era cierto, pero que si quería que se fuera lo haría. Yo le regresé la pregunta: ¿Tú te quieres ir? Y no se fue, más bien propuso que le echáramos ganas a la relación, y nos dimos como una tregua para seguir juntos. Ha puesto de su parte, llega más temprano, y ahora lo siento en su trato conmigo más cercano otra vez. Antes de nuestra crisis económica, en la que vivíamos muy bien y nos dábamos una buena vida con viajes a Europa y a la Riviera Maya, muy seguido, sentía que era amada, y no por las cosas materiales, sino por su trato conmigo, su interés en mi bien y el de nuestro hijo. Y en la cama, yo lo veía, como él mismo decía, como un pendejo por mí. Y durante este tiempo él cambió tanto, que eso es lo que me ha dolido, que me haya dejado de querer y desear. Ahora aplico lo aprendido con mi amante con “el amor de mi vida”, y nuestra vida sexual está cambiando, ¡para bien!
17. Pero he caído en lo que tanto critiqué: la traición. Y me siento tan bien con esa relación adúltera… Me da tanto placer, me dice que soy multiorgásmica, y yo me siento muy bien. Pero me sigo preguntando: ¿Es eso todo o hay más? Entiendo que cada relación y cada persona es diferente, ¿no es así? Y ahora que me encuentro en esta situación, no sé ya ni quien soy ni cómo llegué hasta este punto.
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Las ilustraciones de El Confesionario son de Natalia Hernández.
Disfruta del sexo todo lo que puedas. Las mujeres hemos de sentirnos deseadas y nunca deberíamos ser despreciadas. Mi marido también es “el hombre de mi vida” pero hace años que no me toca ni me mira como al principio, y pasado un tiempo, decidí ser un poquito egoísta pensar en mí…. desde entonces tengo encuentros sexuales en los que disfruto muchísimo y vuelvo a sentirme deseada.
Bonita historia….me alegro de que vayas descubriendo cosas nuevas y que disfrutes mas del sexo.En cuanto a la traición a tu marido….me parece que el no es el mas indicado para quejarse,ya que también tuvo o tiene sus rollitos.Además segun cuentas,tu aprendizaje contribuye a que el sexo con tu pareja sea mejor,asi que no hay mal que por bien no venga,jeje.
Ánimo y sigue adentrándote por la senda del placer.
Me siento muy reflejada en tu historia. Yo también tuve un unico principe que supuse iba a ser para toda la vida y me salió rana…aunque el sexo con él era increíble y ahora tengo una pareja que el sexo…nulo por falta de deseo (problema hormonal) . Yo soy un volcán en erupción y tengo un amigo experto en geología que me ayuda a sofocar mi calor…y encantada de la vida y del sexo. Es la primera vez que soy infiel y la vverdad es que no tengo ningún remordimiento ni historias en la cabeza…ahora soy mas egoísta y pienso más en mi…me lo merezco y el tiempo pasa muy rápido. Disfruta y a seguir aprendiendo