El Confesionario LXIV

1. Tengo 34 años y llevo más de una década de relación con mi mujer. Hace un par de años le confesé que me encanta vestirme y sentirme como una chica en el ámbito sexual.

2. Nuestra relación es maravillosa en todos los aspectos menos en el sexual, que sin ser malo con los años se ha ido convirtiendo en escaso y rutinario, en especial tras el nacimiento de nuestro hijo. Ello me llevó durante mucho tiempo a llevar una vida sexual “de incógnito”, masturbándome a escondidas. Aunque ella sabía que lo hacía. Ahora empezamos a abrirnos más y a hablar de lo que ambos queremos, aunque yo voy un poco por delante en ese sentido. A ella le cuesta más abrirse. Pero quiero que lo haga y que ambos podamos disfrutar al máximo.

3. Después de muchos años vistiéndome y masturbándome a escondidas, y conociendo a mucha gente (mucha) que comparte mis deseos a través de internet, me decidí a contárselo a mi mujer. No fue fácil tomar la decisión, pero  pensé que si fuera al revés, si ella tuviera su fetiche, a mí me gustaría saberlo y tenerlo como otro medio de darle placer. ¿Me iba a dejar, verme como menos hombre, reirse de mí si realmente me quiere?  Se lo conté poco a poco. Primero le dije que me gustaba ponerme sus bragas, luego lencería, luego maquillaje… Poco a poco. Ella no lo tomo mal nunca, al contrario, me apoya y lo entiende. Lógicamente tuve que explicárselo todo muy bien: que solo es un fetiche, que no pretendo operarme y convertirme en mujer, que no soy gay, etc. Una vez todo bien explicado, hablado y comprendido ningún problema. El primer día que le hablé de ello me regaló unas bragas suyas. Luego, con el tiempo, me ha ido regalando alguna cosa: un picardías, un vestido, un conjunto de ropa interior, un pintalabios, etc. En resumen, no fue fácil, pero me costó muchísimo más aceptarlo a mí que a ella.

4. A ella no le excita nada que yo me vista de mujer. Para tener sexo no le importa que tenga unas bragas puestas o un picardías, pero no quiere ir más allá. Así que si yo quiero una transformación más completa (con mi peluca, maquillaje y demás) el acuerdo es que puedo hacerlo libremente (lo hago una o dos veces al mes, tampoco es cuestión de saturar) y ella me masturba, pero no vamos más allá. A mí me gustaría llegar más lejos, a vestirme completamente y maquillarme con ella. Incluso, ¿por qué no?, a cenar tranquilamente en casa con una buena botella de vino y pasar una noche como dos chicas lesbianas, que ella me trate como a otra chica. Pero no puedo exigirle a ella que se excite con esto, tengo mucho ganado con su apoyo y con dejarme vivir mi fantasía de vez en cuando. Antes me escondía, me sentía culpable y avergonzado. Ahora me siento mejor, más valiente y libre, y sobretodo me siento más feliz y seguro en mi vida como hombre.

5. He subido fotos mías vestido de mujer en redes sociales “especializadas”, pero siempre tomando precauciones para que no me reconozcan. Me pone a cien que hombres (la mayoría de las veces) y mujeres (algunas menos, pero las hay) me digan que les excito o que se masturban viendo mis fotos.

6. A veces fantaseo con estar con otro chico travesti como dos chicas o con otro hombre que me tratara como una mujer, pero es una de esas fantasías que no me gustaría que se hicieran realidad. Nunca he sentido atracción por un hombre en concreto, lo que me gusta es la sensación de sentirme como una mujer deseada. ¿Y a qué mujer no?

7. El problema de todo esto, el miedo que tengo, que también tiene mi pareja, es depender de sentirme mujer para excitarme. Ahora no es así, no solo fantaseo con vestirme de mujer, también me gusta sentirme hombre en el sexo (aunque normalmente no llego al mismo nivel de excitación). Tengo fantasías, por ejemplo, con mujeres mayores que yo, de entre 40 y 50 años aproximadamente. Les veo un atractivo especial. Tambien con mujeres “malas”. Y con “malas” me refiero a lo que coloquialmente se entiende como “una zorra”.  Maliciosas, aprovechadas, egocéntricas. A veces incluso he llegado a obsesionarme un poco con alguna. Y también me encuentro con mujeres “normales” que me gustan y me excitan.

8. Cuando no soy una chica con mi mujer, me gusta que las relaciones sexuales sean largas, con caricias, con juegos, con cosas nuevas. El coito es lo de menos. Y apenas recuerdo relaciones en las que mi lengua no se diera un buen paseo por sus genitales. Me gusta mucho disfrutar de su cuerpo, su olor, su tacto…

Direcciones útiles. Le pregunte al autor de este confesionario si podía recomendarnos algunos enlaces para quien desee indagar más sobre crossdressing y esta fue su respuesta: “Hay muchisimos sitios sobre el tema, pero suelen ser blogs personales. Hay una red social que se llama somoscd (se presenta como ‘la red social de travestis, crossdressers y transexuales más grande habla hispana’). Hay un libro que se llama “El travestista y su esposa”.  No toca para nada temas sexuales pero si el travestismo en parejas heterosexuales. Es, sobretodo, un compendio de cartas tanto de hombres como de las mujeres”. Por último, añade que “no es facil encontrar zapatos de tacon de la talla 44” por lo que propone una dirección web.

Si te ha gustado leer esta historia real, ¿por qué no te animas a contarnos anónimamente la tuya? Quienes ya han compartido su confe explican que les resultó una experiencia muy enriquecedora y, en ocasiones, hasta excitante. Mi propósito es que creemos, entre todos, un archivo de historias REALES. Necesitamos un archivo así; algo que nos ayude a normalizar la sexualidad, a derrumbar falsas creencias, a descubrir y aprender… Si te animas, escribe a detodosaprendemos@gmail.com aquello que quieras compartir.

Si necesitas más información sobre cómo funciona esta sección, entra en “¿Quieres compartir tu historia sexual?”. También puedes plantearme tus dudas en el email de la sección.

En la pestaña El Confesionario, encontrarás las entregas anteriores.

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9 respuestas a “El Confesionario LXIV”

  1. Eduardo dice:

    En la relación de pareja, mientras no haya agresiones físicas o psicológicas, todo está permitido.

  2. Esteban dice:

    Hola, muy buena tú historia, me anima porque siempre me ha excitado la ropa de mujer en especial la lencería al punto que tengo tangas hilo para hombre que me encantan y hasta mi esposa me compra, pero hace unos meses no estaba mi esposa y quería masturbarme pero usando lencería, primero use un cachetero rojo y brasier, luego los cambié por un enterizo fucsia de malla y unas sandalias de tacón cuña, luego de masturbarme me preguntaba que tan común sería este tipo de prácticas, saludos.

  3. Yuli dice:

    Me parece valiente, me costaría aceptar a mi pareja vestido de mujer pero me gusta ese punto de aportar algo de imaginacion a las relaciones. Disfruta lo q puedas

  4. Marcos dice:

    Coincido totalmente con las ideas del autor del post, a pesar de que todavía no me he atrevido a dar el paso. En cualquier caso, mi enhorabuena por las mujeres que entienden esta fantasía en sus parejas, lo que habría que ver es cuantos hombres tolerarían que su mujer tuviese el deseo de vestirse como un hombre “macho”, sin depilar ni maquillar, con un bigote postizo, colonia masculina, y posturas y gestos masculinos.

  5. carmen dice:

    muy valiente … me gusto

  6. hum dice:

    me parece muy valiente

  7. Florentino dice:

    Realmente buena historia. Simplemente que te das cuenta que en este mundo los limites están en cada uno. Y en el tema sexual cada quien sabe lo que pasa bajo su techo, en una cama. Soy un lector constante de lo que aquí se publica,
    me gusta mucho leer lo que hacen otros, me ubico sobre mis propias experiencias sexuales. Me enriquecen, me animan, me excitan a veces. Gracias por compartir. Sylvia gracias por ser el medio.El

  8. Isabel B. dice:

    Leo todos los confesionarios porque cuando no me inspiran me excitan, a veces las dos cosas a la vez, pero nunca he escrito un comentario. Hoy tengo que hacerlo. Esta historia no me ha puesto, pero me ha emocionado y me ha inspirado. La lección que me llevo es doble, porque he aprendido sobre el valor y sobre la tolerancia.
    Vaya huevos le ha tenido que echar este señor para atreverse a compartir su fetiche. No se si yo me hubiera atrevido en su lugar, porque estoy segura de que muy poca gente es capaz de entender algo así.
    También me ha impresionado la tolerancia de su señora. En vez de caer en el juicio fácil ha sabido darle espacio a él y regalarle cosas… con un par de ovarios.
    Solo me queda desearles lo mejor a ambos y agradecer a este caballero que haya compartido tu historia. Creo que esta noche le voy a explicar algo a mi pareja. Necesito que me hable duro y nunca se lo he dicho. Pero esa ya es otra historia. Gracias por inspirarme.

    1. Media Verónica dice:

      Yo tambien soy lector y me he inspirado muchas veces en este blog. Es por ello que en esta ocasión me animé a ser yo quien contara su historia, porque entre todas las publicadas no había ninguna como la mía. Me alegra saber que pueda inspirar a otros.

      Aquí hay 2 cuestiones, Isabel, como bien comentas. Una, la mía, que no es otra que vivir con un fetiche al que a la sociedad le falta mucho para entender. Aceptarlo y aprender a disfrutarlo sin culpas es algo que puede costar. Implica algo más que valentía, implica sinceridad con uno mismo.

      La otra es mi mujer. La quiero con locura y ella a mí tambien. Y creo que no es querer cuando una persona no acepta que su pareja tenga un fetiche. No hablamos de que sea un asesino, un violador o un ladrón. Claro que puede ser difícil de entender… ¡a mí me costó años! Pero cuando de verdad quieres a una persona al menos merece la pena intentar entenderla. Esta mentalidad fue la que me llevó a confesarlo. Hay mucho que hablar, mucho que explicar, muchos miedos que desterrar. Pero cuando una pareja llega a un cierto nivel de intimidad, confianza y respeto mutuo sale reforzada. Yo ahora me siento más libre, paradójicamente también más seguro como hombre y sobretodo me siento un mejor marido, porque no tengo que hacer las cosas a escondidas sientiendo que la engaño.

      Que me gustaría excitarla al vestirme de mujer…¡Claro! Preferiría eso a que me tocaran los euromillones. pero como dice Sylvia no podemos estar siempre tan sincronizados. Y eso no quita que ambos podamos disfrutar de nuestra sexualidad en pareja.

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